Fundación
El Hato las Cruces fue mercedado en Sancti Spíritus el 25 de junio de 1593, al cual perteneció hasta 1724; año cuando pasa a formar parte de la jurisdicción de Villa Clara. Pero, como consecuencia del rápido fomento económico social alcanzado por la Colonia Fernandina de Jagua en 1830 se le concedió la categoría de Villa, con gobierno político y militar otorgándosele como límite jurisdiccional a Cienfuegos la línea recta entre San Marcos y Siguanea.
En 1847 fue el año de partida para la verdadera materialización de la idea del camino de hierro entre Cienfuegos y Villa Clara desde el punto de vista legal, aunque los trabajos en la vía se iniciaron el 4 de febrero 1848; estos respondían al trazado del proyecto elaborado en 1846, dicho trazado dejaba bien definido la no elección de la línea recta, pues los terrenos de la zonas son quebrados y cruzados en todos los sentidos por ríos y arroyos. El proyecto fue concebido por el agrimensor Alejo Helvesio Lanier y el ingeniero francés Jules Sagebien. El capital para la construcción de esta grandiosa empresa para su época fue aportado por accionistas en lo fundamental de la zona, y recibieron el apoyo del Gobierno Superior Civil.
Con el auge que había obtenido el paradero Las Cruces con la actividad de las empresas ferroviarias de Cienfuegos, Villa Clara, y Sagua, propiciaron un alto valor a los terrenos en este punto, esto hizo decidir a la empresa del ferrocarril de Cienfuegos a Villa Clara, cumplir un viejo compromiso con el Ayuntamiento de Cienfuegos; fundar un pueblo en el paradero Las Cruces.
Respecto a la formación de esta nueva población, sus primeros datos historiográficos son recogidos en la memoria de la Junta Directiva de la Empresa del Ferrocarril de Cienfuegos a Villa Clara de 1860, donde se puede apreciar un resumen de contabilidad de las ventas de terrenos en Las Cruces.
Término municipal
Al concluir la Guerra de los Diez Años, el gobierno colonial español introdujo en Cuba una serie de reformas territoriales , entre ellas, una nueva división político administrativa dictada el 24 de septiembre de 1878, la cual entro en vigor el 1 de enero de 1879. Hacia la época en Las Cruces y Mal Tiempo residían 3,141 habitantes y de ellos 76 poseían posibilidades de ser electores – según las leyes electorales de la época-; estas consideraciones electorales y demográficas y ante el desarrollo alcanzado por la industria azucarera, el ferrocarril, el comercio y la importancia política y militar de la zona, se decide por el gobierno de la isla conceder la condición de termino municipal de Cruces, con Ayuntamiento integrado por: un alcalde, dos tenientes alcalde, y 7 regidores. Este nuevo municipio perteneció a la provincia Las Villas, pero el poblado cabecera continuo llamándose Las Cruces.
Cruces
El poblado que había evolucionado como un próspero y floreciente pueblo, continuó con la toponimia de Las Cruces, según lo demuestra toda la documentación historiográfica consultada durante el Siglo XIX, incluso en la División Política Administrativa de 1878 cuando adquiere la categoría de municipio.
Al decir de los historiadores locales aparece denominado por primera vez como Cruces en el censo desarrollado por la primera intervención Norteamérica en el año 1899 vinculado a una población de tipo urbana y continuaba como término municipal.
Batalla de Mal Tiempo
El combate de Mal Tiempo, el 15 de diciembre de 1895, clasifica como una de las más importantes acciones llevadas a cabo por las fuerzas insurrectas en la invasión hacia occidente durante la guerra de independencia contra el colonialismo español.
Ese día las fuerzas cubanas avanzaban hacia Cruces con dirección noroeste, encontrándose el teniente coronel José Loreto Cepero, con 40 jinetes, en la avanzada y el Mayor General Antonio Maceo a la vanguardia. Las órdenes de Máximo Gómez habían sido cargar contra el enemigo en cuanto fuera detectado.
Las fuerzas españolas, por su parte, marchaban encabezadas por los tenientes coroneles Zan y Rich, así como por el coronel Salvador Arizon, jefe de toda la agrupación que superaba los 2 000 efectivos. La misión de los soldados peninsulares era bloquear los caminos de acceso a la zona azucarera de Cienfuegos, evitando cualquier ataque de los invasores a esa ciudad.
Durante la marcha una columna integrada por 550 hombres encabezada por Rich, compuesta de dos compañías de Bailén, dos de Canarias -integrados por quintos recién llegados de la Península- y una sección de caballería de Montesa, se desvió hacia Mal Tiempo. El encuentro resultaba inminente.
Sin embargo, la sorpresa que pretendían los españoles se perdió ante la decisión del teniente coronel Loreto Cepero, de desplegar sus hombres en guerrillas en vez de cargar contra el enemigo.
Muy pronto la columna hispana preparó su defensa, formándose en cuadros, táctica que había resultado infalible durante la guerra de 1868. Inmediatamente ordenó al corneta tocar a degüello y al frente de sus hombres se lanzó en una carga al machete que los máuser españoles fueron incapaces de contener. La confusión y el temor contribuyeron a desorganizar la defensa, que nada pudo hacer ante el impetuoso avance mambí.
Las fuerzas cubanas se concentraron entonces en contener el avance del coronel Arizon, quien había seguido las huellas de la columna de Rich, impidiendo así la llegada de refuerzos.
Gómez, por su parte, en una acción complementaria, atacó y destruyó una locomotora y coches que conducían 800 efectivos de refuerzos.
Al cabo de casi tres horas concluyó la acción de Mal Tiempo, con gran éxito para las armas cubanas, que lograron acopiar más de doscientos fusiles y gran cantidad de municiones, caballos, un botiquín médico y efectos de diverso tipo, permitiendo así la aproximación al territorio de Matanzas en mejores condiciones para entablar futuros combates.
España tuvo que lamentar cerca de 300 bajas, de ellas casi la mitad muertos, a lo cual se unía el efecto moral que en una tropa tan bisoña causó el filo del machete mambí, transformado de instrumento de trabajo en temida arma.
Mal Tiempo sirvió, además, para desmontar el mito de la invulnerabilidad del cuadro español y demostrar, una vez más, la irrevocable decisión de los cubanos de alcanzar a cualquier precio la independencia de Cuba.